| Luigi Longo, Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri y Enrico Berlinguer |
«Como hemos visto, el revisionismo moderno se manifiesta en corrientes y adquiere diversos aspectos según las condiciones políticas, económicas y sociales concretas de cada país o grupo de países. Así ha sucedido también con los partidos que actualmente son conocidos con el nombre de eurocomunistas. A pesar de representar una corriente en sí del revisionismo moderno, y de ser la corriente que más se ajusta a los intereses de la burguesía de los países capitalistas desarrollados como son los países de Europa Occidental, los partidos revisionistas italiano, francés y español tienen también algunas peculiaridades.
La constitución del Estado burgués, base del «socialismo» togliattista
Hablando sobre la «tercera vía», que constituye la nueva estrategia del revisionismo eurocomunista, Enrico Berlinguer en su informe: «El progreso hacia el socialismo en paz y en democracia», presentado al XVº Congreso del Partido Comunista de Italia, da algunas explicaciones más completas de lo que él y sus compañeros entienden por tercera vía:
«Se trata de una expresión que ha tenido fortuna, que hemos acabado por aceptarla. Tuvimos primero la experiencia de la II Internacional: la primera fase de la lucha del movimiento obrero para salir del capitalismo. Pero esta experiencia terminó cediendo frente a la Primera Guerra Mundial y a los nacionalismos. La segunda fase se inauguró con la revolución rusa de octubre». (Enrico Berlinguer; Informe al XVº Congreso del Partido Comunista Italiano, 1979)
Aunque también al respecto, según él, debe procederse a un análisis crítico de la historia y de la realidad de la Unión Soviética, porque tampoco esta experiencia es valiosa. Y resulta ahora que la tercera fase ha comenzado con el eurocomunismo. La tarea del movimiento obrero en Europa Occidental, declara Berlinguer, es:
«La búsqueda de nuevas vías de avance al socialismo y de construcción del socialismo». (Enrico Berlinguer; Informe al XVº Congreso del Partido Comunista Italiano, 1979)
La vía para llegar a esta «sociedad», según los revisionistas italianos, es:
«La línea trazada por la constitución republicana, a fin de encauzar la transformación de Italia hacia una sociedad socialista fundada en la democracia política». (Partido Comunista Italiano; La política y organización de los comunistas italianos; Tesis y estatutos aprobados en el XVº Congreso del Partido Comunista de Italia, 1979)
En cambio, los revisionistas franceses, que no pueden presentar la constitución de Charles De Gaulle como base de su socialismo, no sólo porque no han participado en su elaboración sino también porque han votado en su contra, no la mencionan, pero en la práctica tampoco la niegan.
La idea de ir al «socialismo» a través de la constitución burguesa, los revisionistas italianos la han amalgamado desde hace tiempo. Ya en 1944 Palmiro Togliatti declaraba en sus discursos que los tiempos habían cambiado, que había cambiado también la clase obrera, que habían cambiado también las vías para la toma del poder. Con esto quería decir que «había pasado el tiempo de las revoluciones y era el momento de las evoluciones», que «el poder sólo puede tomarse a través de la vía de las reformas, de la vía parlamentaria, a través de los votos».
Más tarde, en la reunión del Comité Central del Partido Comunista Italiano del 28 de junio de 1956, inmediatamente después del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, Palmiro Togliatti decía:
«Se debe prever un progreso socialista que pueda desarrollarse precisamente en el terreno que define y prevé la constitución y que es el terreno de las libertades democráticas y las transformaciones sociales progresistas. Esta constitución aún no es una constitución socialista, pero, puesto que es expresión de un amplio movimiento unitario, renovador, difiere radicalmente de las otras constituciones burguesas, representa una base efectiva del desarrollo de la sociedad italiana en la vía que conduce al socialismo». (Palmiro Togliatti; Informe al Pleno del Comité Central del Partido Comunista Italiano, 1956)
El que la constitución italiana difiera, por ejemplo, de la constitución de los tiempos de la monarquía y el fascismo, y que en ella figuren una serie de principios democráticos, esto es comprensible, estos principios han sido impuestos por la lucha de la clase obrera y del pueblo italianos contra el fascismo. Pero no sólo la constitución italiana contiene tales principios. Después de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía de todos los países capitalistas de Europa se esforzó en una que otra medida por cortarle los vuelos a la clase obrera, reconociéndole algunos derechos sobre el papel y negándoselos en la práctica.
Las libertades y derechos que prevé la constitución italiana son libertades y derechos puramente formales, que son violados diariamente por la burguesía. Prevé por ejemplo una cierta limitación de la propiedad privada, lo que no ha impedido que los Fiat y los Montedison se enriquezcan cada vez más y los obreros se empobrezcan cada vez más. La constitución prevé el derecho al trabajo, pero esto no constituye un obstáculo para que la patronal capitalista y su Estado arrojen a la calle a unos dos millones de obreros. La constitución garantiza una serie de derechos democráticos, pero no impide que el Estado italiano, los carabineros y la policía actúen casi abiertamente en base a los derechos reconocidos por la constitución, en la estructuración de ese mecanismo que está listo para instaurar un régimen fascista. También los diferentes comandos fascistas, desde los de extrema derecha, hasta los autodenominados brigate rosse y los terroristas de plaza Fontana, encuentran su justificación en la constitución italiana.




